Te busqué, quise verte, saber de vos... y te encontré muerto.
Te encontré solo y a oscuras; la oportunidad perdida para siempre de sostener aquella charla pendiente.
Muerto, lejos, frío. Con años de distancia, con miles de momentos no compartidos.
Entonces pude ver mi dolor, mi falta de respuestas, lo que no me di cuenta que pasó, que estabas cerca, que fuiste importante, que desapareciste al contestarte una larga carta de desencuentros, con el orgullo que tienen las princesas que desean amor por encima de cualquier obstáculo.
Desapareciste, te casaste, te fuiste al sur, tuviste hijos, te divorciaste, abandonaste el ejército (cuándo?), participaste en política y en educación, hiciste mucho dinero, te pusiste a cultivar tomates y pimientos en un campo correntino. Y te moriste una madrugada de invierno, sin despedirte de mí que no estaba en tí.
Te encontré, hecho esqueleto con los pulmones marchitos, sin la charla que estaba pendiente.
Pero aún están en mi historia tus ojos verdes, tu voz pausada, aquel primer beso.
Me costó aceptarlo, me dolió enterarme.
domingo, 9 de mayo de 2010
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